Grado de dificultad: 3 (es una debilidad realmente difícil de combatir).

Columnista: Roberto

Una palabra sofisticada

Hace poco, usé esta palabra sofisticada, en un mensaje Whatsapp a otro nerdo de TMN. Es exactamente lo que sentía en este momento.

Solemos estar atrasados en la revisión ortográfica de los artículos, y reconozco que, frecuentemente, la culpa es mía.

Por alguna extraña razón, me da “pereza” en enviarlos a revisión, mientras que solo necesito unos segundos en sacarlos de mi OneDrive.

Como consecuencia de eso, suelo enviar (muy tarde) 10 o más artículos en estos envíos, y las correcciones llegan muy tarde.

Una pequeña explicación de la palabra nos vendría bien, ¿cierto?

¿Procrastinación? En lenguaje claro, por favor

Evitemos escuchar lo que dicen los psicólogos

Si intentan leer artículos “serios” sobre el tema, escritos por psicólogos o psiquiatras, estarán muy decepcionados, y hasta molestos.

Intencionalmente o no, los psicólogos tienen la manía de culparnos, y es contraproducente al extremo.

Por ejemplo, leí lo siguiente:

  • Organización del tiempo deficiente”. Eso es, para mí, una acusación terrible, una demostración de desprecio que descalifica al que la hace.

Para alguien que procrastina, el tiempo, simplemente deja de existir. Entra en una dimensión desconocida de la cual no sabe salir.

  • Cultivar la autodisciplina” es otra de estas ricuras. Suena bonito y no contesta a ninguna pregunta.

No existe tal cosa como la “autodisciplina”, solo existe la fuerza (y no hablamos de levantar pesas).

  • Tercer ejemplo: “afecta nuestra productividad” es una declaración a la cual, por lo menos, es fácil de contestar:

Cuando uno procrastina, la productividad es lo que menos le importa. La angustia personal y original es lo importante.

No es “satisfacción a corto plazo”, es porque consideramos la tarea alterna “a nuestro alcance”, cuando la principal nos asusta.

Usar la palabra “estrés” es, también, una manera de evitar hablar de “MIEDO”. El “estrés” es algo etéreo, el miedo es bien real (y vergonzoso: ¡Un adulto no puede tener miedo!)

El resultado general es que todos fracasan en darnos una solución.

Una descripción más cercana a nosotros

Este artículo en el New York Times:

Procrastinar no es un asunto de holgazanería, sino de manejo de las emociones

No está tan mal, en el sentido de que reconoce que se trata de una reacción emocional, y que hacerlo “nos hace sentir mal”.

Luego, desafortunadamente, empieza a dar vueltas alrededor del tema.

La procrastinación es una debilidad psicológica y moral, que se traduce por un temor irracional en hacer algo a tiempo.

¡En esto, estamos de acuerdo! Lo que nunca logran decir claramente es lo siguiente:

Este temor es, generalmente, un recuerdo de nuestra juventud. Fue en el colegio o en otra parte, cuando nos exigían integrar tareas en un tiempo corto.

En nuestra infancia, hubo, por supuesto muchos casos en los cuales no cumplimos. Fue por falta de fuerza, o por desconocimiento.

Nota: los nerdos suelen ser físicamente torpes, lo cual los vuelve vulnerables a recuerdos físicos.

El temor por no cumplir en el tiempo impartido (que, por cierto, es el principio de los exámenes) nos queda tatuado en el alma.

Luego, lo reproducimos en nuestra vida de adulto y de profesional.

¿Cómo combatir este enemigo interior?

El nombre del mal es procrastinación

Todos, lo hemos sentido:

  • La redacción de un informe particularmente importante que hemos dejado al lado.
  • Esta prueba clave que debemos hacer y que posponemos, justamente por su importancia.
  • Esta reunión de seguimiento a la cual sistemáticamente llegaremos tarde.

Hay, por supuesto, otros factores: el ambiente en nuestras familias, nuestras amistades, nuestros hobbies. Las disculpas perfectas son legiones.

Es una de las razones por las cuales preferimos estar en una oficina que en casa para trabajar. Nos sentimos más obligados, y más apartados de las disculpas.

Cuando el trabajo es creativo (sea de diseño, de redacción, de arte) es especialmente difícil. Las disculpas son innumerables.

El nombre de nuestro mal común es procrastinación.

El distanciamiento social puede ser útil

La lucha no es tan sencilla, porque, en nuestras interacciones sociales, nos encargamos de culparnos mutuamente. Jugamos ambos papeles alternativamente.

Sin embargo, y paradójicamente, el tiempo que pasamos en casa, por la pandemia, es una oportunidad que podemos aprovechar.

Los incentivos habituales (y los regaños) son más lejanos. Nos enfrentamos a nosotros mismos.

El adversario es temible, pero es único. Es nuestro “Yo” de cuando éramos niños, una versión más fuerte de nosotros.

La imagen de la acción que más se acerca a la solución es “aprender a nadar”. El mar de fallas infantiles que hemos guardado adentro es el que genera nuestros miedos a hundirnos.

Es más sencillo de lo que parece:

Si nos movemos (nadando en estos miedos), nos enfocamos sobre cómo mantenernos flotando, mientras que logramos avanzar.

Visualizarlo y reproducirlo es un buen ejercicio de concentración.

Sin embargo, no es como nadar en una piscina. Habrá fuertes olas a nuestro alrededor, y necesitaremos tiempo en aprender a aguantarlas.

Nadador en aguas abiertas - Origen desconocido

El “mar” de cada uno es diferente. Tal vez es por eso por lo que les queda tan difícil a los especialistas describir como luchar contra la procrastinación.

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