Grado de dificultad: 1 (Los efectos insidiosos del encierro).

Columnista: Roberto

Una justificación para salir

Esta mañana, aproveché el reciente y relativo alivio en las reglas de circulación, para salir hacer una consignación a un banco.

Mi meta oficial era ver si, después de este largo encierro, las filas de espera para entrar a estas entidades se habían reducido.

La vez anterior que salí, con gente espaciada de tres a cinco metros (efecto pánico), la fila alcanzaba los cien metros.

Los bancos son de los que viven todavía en el siglo XIX. ¿Por qué evolucionarían si saben que somos sus esclavos?

Uno de ellos habla de los “Uga Uga”, olvidando que lo es también, y eso, últimamente, muchos lo notaron.

Tuve suerte o, tal vez, esperé lo suficiente para pasar el periodo de “idiosincrasia”.

Nota: idiosincrasia es este fenómeno donde todos quieren hace la misma cosa, al mismo tiempo y en el mismo lugar …

Era una sensación extraña la de caminar en la calle.

El tapabocas es un poco incomodo (porque es difícil de mantenerlo puesto sin que se deslice). Sin embargo, de cierta manera, uno se siente más seguro (para uno y para los demás). …

La verdadera razón

Para ser franco, no solo salí por hacer diligencias, lo hice también porque estuve encerrado durante dos meses.

Y, por más fuerte que piense ser (#mentiras), noté, recientemente, que este encierro me estaba empezando a afectar psicológicamente.

Todas las medidas de alivio que se tomaron en todas partes tienen mucho que ver con eso.

No estamos ni cerca de superar el peligro que representa el coronavirus, y hablar de reiniciar la economía es ilusorio.

Sin embargo, esta situación puso a la vista las debilidades de nuestros modelos sociales:

  • Muchas empresas no saben trabajar a distancia
  • Los sectores de actividad donde se atiende a los clientes en directo no son capaces de garantizar nuestra seguridad.
  • Sin embargo, necesitan trabajar, si no el modelo económico y bancario los destrozará.
  • La realidad es que no sabemos casi nada de este enemigo invisible.
  • Y, finalmente, estamos descubriendo que tan frágiles somos, psicológicamente.

Que nos dejen la posibilidad de salir de nuevo no significa que lo debamos hacer, si no lo necesitamos.

“Como antes”

Ciertos comentarios tratan de convencernos de que este evento nos habrá enseñado algo:

No comparto sus análisis optimistas. Pienso, al contrario, que describen sus temores a ver todo “regresar como antes”.

El “antes” en cuestión tiene solo dos meses de edad, y el ser humano tiene una inmensa capacidad de olvidar.

Entre otras cosas, no creo que el petróleo se mantendrá bajo por la pandemia. Regresara a sus precios de “antes” porque es, todavía, una de las principales monedas (si no “la”).

Solo la evolución hacia energías renovables (empezando por los automóviles eléctricos) lo hará bajar de precio.

Los poderes financieros recuperaran sus haberes mucho más rápidamente que nosotros (si es que han perdido algo).

¿Consideran que hemos aprendido algo? Yo, no.

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