Categoría: Editoriales

Grado de dificultad: 1 (Sencillamente, queridos Dummies, no usemos muletas cuando no las necesitamos).

Columnista: Roberto

Un despertar tarde

Confiándose demasiado en la I.A.

Varios publicaciones recientes prueban nuevos ángulos para despertar nuestra consciencia sobre el peligro de confiarse excesivamente en autómatas conversacionales.

Nota: son las herramientas que empresas como OpenIA, Google, Facebook o Twitter suelen, abusivamente, llamar “inteligencias artificiales”.

A continuación, varios ejemplos de tales artículos:

Las tácticas utilizadas en todos estos artículos apuntan a asustar o avergonzar a los lectores.

AKA si usamos “I.A.”, nos estamos volviendo estúpidos. Peor, ya parece que ciertos CEO de grandes empresas nos consideran como desechables.

La I.A que no necesitamos

Del otro lado, y con experiencias personales, sé que los diseñadores de estos autómatas tratan de imponérnoslos.

Me acuerdo de este caso reciente donde uno de estos autómatas, Gemini (Google), me sugirió escribir un ensayo poético en mi lugar.

Mi reacción fue instantánea. Le pregunté (como si fuera a un humano) ¿por qué, diablos, haría eso?

Luego, hubo este otro incidente reciente donde el Copiloto de Microsoft Office invadió mis tablas Excel y mis textos Word.

Consultando grupos de discusión (que alcancé por búsqueda Google), descubrí que la única solución era desinstalar por completo el Copiloto de Windows … Lo que hice.

Nota: dudo, sin embargo, de que esté realmente desinstalado.

Crítica, iniciativa y creatividad contra I.A.

Redundancia, urgencia y muletas

Lo anterior es para explicar que las estrategias corporativas no se limitan a decisiones en las empresas. Nos alcanzan (e involucran) a todos, y de manera perversa.

Ya, a nuestro alrededor, los “chat” de atención al cliente (que no contestan a nada), se multiplicaron … Y, al final, siempre necesitamos atención personalizada (humana).

Los periodistas, como todo el mundo, se sienten perdidos y asustados por este tsunami de propuestas “I.A.”

La trampa es, sin embargo, relativamente fácil de combatir.

La palabra clave es “Redundancia”. Las “maravillas” que nos proponen los autómatas son esencialmente eso: redundantes. No es que las necesitemos con tanta urgencia.

Nota: “Urgencia” es la otra palabra clave para justificar el uso de estas muletas.

Más temprano que tarde

Las grandes corporaciones suelen estar dirigidas por sociópatas (casi que por definición).

Para ellos, reemplazar humanos por autómatas solo es una decisión financiera, que toman en un guiño. En varios (¿muchos?) casos, necesitaran dar marcha atrás.

Porque no existe tal cosa como “inteligencia artificial”. Ironicamente, los autómatas hacen estrictamente lo que fueron programados para hacer. No reportan anomalías ni expresan iniciativa propia.

El caso no es nuevo, no es más que un resurgimiento del Taylorismo.

No sabemos dentro de cuánto tiempo los CEO sociópatas se darán cuenta de la importancia del tríptico crítica/iniciativa/creatividad.

Pero, sabemos que este tiempo vendrá, más temprano que tarde.